Juan Peláez
podrás encontrarlas en :
http://juanpelaezescritor.wordpress.com/contactar/
En él podrás leer reseñas de las publicaciones de este autor español internacional. También aparecen todos los actos y hechos notables respecto a las obras.
Los pájaros y sus melodías en nueva colección de imágenes del fotógrafo Juan PeláezDon, din, dan, dan, dan la vuelta y aterrizan. Repiten la nota en la línea. La partitura cambia. Más alas en el hilo del teléfono con sus melodías. Se densifica la escritura. Semicorchea de gorrión, negra de cuervo, compás de cuatro por cuatro proyectado en las sombras de la pared. Las imágenes de los pájaros cantan en el tacto de la retina. Imposible evitar que resuenen cantos sobre la piel metal bajo los soles. La partitura huele a libre, a salto, a aire y espacios. La tarde, la mañana, lo oscuro de los días de lluvia sobre el cable le dan armonía. Siempre el concierto de los vientos sobre los hilos de sombra proyectada. Pájaros, pájaros, clic, clac, clic, clac, foto, foto, din, dan, din, don, en el silencio del sol del Ángelus.
El resto de las fotografías se pueden visualizar en este enlace.
Montañas de la montaña
Todas las descripciones de la realidad
son hipótesis temporales.
Buda.
La montaña recibe, devuelve el vacío de nuestras imágenes infinitas. Cada monte del Mundo, escarpado o romo, abrupto o aterciopelado, definido o brumoso, aporta una luz, una forma, una sugerencia. Pero es el hombre quien las lleva dentro todas esas fotografías. La naturaleza sólo ayuda a extraerlas ante los ojos del alma. Así se encrespan mares en laderas vertiginosas del Himalaya. Se esconden flamingos en los mares de nubes que desbordan el Pirineo. Edelweis estrellados flotan sobre los glaciares. Los árboles rebosan del cuadro que los contiene. Aves de poder enfrentan su mirada a la nuestra desde las cimas. Se perfilan cresterías que luego se posan en las hojas de la fraga de las quebradas para escribir:
Estrellas de azul y monte
se tumban
en el cielo del bosque.
En la montaña, en la altura, donde el aire pierde su esencia, más allá de la cresta cimera, resta el infinito que se lleva en las entrañas.
Cuando escalo, subo, desciendo, destrepo, recorro cañones, valles, collados, jous, nevados, cornisas, grietas, gendarmes, canalizos, agujas, placas, babaresas o sendas, transporto lo único que acompaña al hombre, su esencia. En esos lugares surge el alma y se plasma en fotografías de belleza, multitud y misterios.
La montaña es un clic del ojo o de la cámara, que para ser fiel a lo retratado debería ser repetido, inmenso. Pero no puede, se deslíe en el mismo parpadeo instantáneo de su nacimiento. Sólo cuando el fotograma se revela, entonces… magia. En el recuadro emerge cuanto la óptica del espíritu observa. Se rompe la perspectiva, se duplican las imágenes, manan otras entre sombras y luminarias. El paisaje se trasmuta en un retrato de lo que el hombre hizo en el territorio. También en una proyección de lo que desea.
Los riscos sagrados, majestuosos, creadores, potentes, invisibles, son nada más que creaciones.
Mis fotos, lo reflejan como parte de mis almas. De los trozos sublimes de lo que soy, somos y son las cordilleras y sus habitantes.
Montañas de la montaña son los mundos dentro de cada universo, los seres múltiples de cada ser humano.
En estas fotos mis ojos recorrieron, recorren y deambularán por la escalada común que ascendemos todos en este plano de la existencia. En sus silencios, en los míos, en los de quienes se cruzan en mis rutas y me regalan los suyos, recibo y comparto la riqueza de lo bello. También en la ausencia de sonidos que abrigan las ventiscas, tormentas, truenos, vendavales, lluvias, granizos, nevadas, brisas, torrentes, avalanchas, desprendimientos, graznidos, siseos, bufido de las alturas que he vivido y transitaré.
La mente crea el puente
pero es el corazón quien lo cruza.
Nisargadata.

El dibujante e ilustrador Zugaiz Vizcaya, ha cedido tres de sus ilustraciones para la adaptación de la obra de Juan Peláez, "El segundo viaje de Leo", al teatro.
Va destinada a los profesores, animadores y monitores que quieran emplear este cuento para llevar a cabo acciones educativas que redunden en la conservación del medio ambiente, el reciclaje, el desarrollo sostenible, el diálogo, la tolerancia y la cooperación.

Allí a la lluvia la nombraban de otra manera. No se veía apenas el otro lado de la carretera. Ni siquiera el fango de la calzada. Todas ellas miraban los árboles próximos que se silueteaban sobre el fondo gris. María da Soledades, Lucia Angelica, Isabeliña do Santos Mares y Maola as Fungairiños i Ascensión, todas ellas mujeres, ninguna, pese a la apariencia de sus nombres, monja. En otro lugar se podrían haber llamado la Vane, la Mari, Lulú, Mimí, Wollena o Maogorzata. Pero ninguna la madam, patrona o jefa, porque esa sólo existe una en cada plaza y en este caso era María as Fundaciones.
RELATO COMPLETO EN ALMIAR
